El patrimonio hay que cuidarlo, y a la familia también

Uno de los «descuidos» que más acecha al Patrimonio – Negocio Familiar, y a la armonía Familiar, es la poca planeación de su adecuada protección y de la sucesión en vida de dicho patrimonio.

Desafortunadamente el «patrimonio familiar» ha sido generalmente el detonante de grandes desencuentros y conflictos familiares, y lo único que cosecha es destrucción de la familia y de su patrimonio.

La «luna de miel» actual de la Familia, no es un seguro para los tiempos venideros, pues lo único constante en las Familias, es el cambio en edades, evolución de sus miembros y nuevas formas de pensar.

Cuando se inicia un conflicto Familiar, no es fácil conciliar, puesto que la carga emocional es fuerte y las posiciones son más sanguíneas que racionales, lo cual impide generalmente llegar a acuerdos que sean equitativamente benéficos para todos sus miembros, y deteriora aún más a la Familia.

El antídoto recomendable es actuar oportunamente para lograr que la Familia y su patrimonio se planifiquen dentro de una estructura que le brinde protección  frente a sus riesgos, acertada sucesión , optimización fiscal, evolución societaria, adecuado albergue patrimonial, y equidad en su evolución.

Lo anterior se construye utilizando una acertada estructura, a la medida de cada Familia, que combine aspectos Societarios, Financieros, Contractuales, Tributarios, Fiduciarios, Off-Shore y Acuerdos – Protocolos; los que sean del caso utilizar.

La experiencia ha sugerido que lo anterior se lleve a cabo, sin que los precursores de la Familia y del Patrimonio pierdan el control del mismo y mantengan un planeado usufructo, mientras gocen de vida. Además, debe establecerse condiciones de amparo patrimonial, si los padres están en vida, pero clínicamente impedidos.

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